El cuarto de televisión

El cuarto de televisión

Karina López era una agente de bienes raíces, en muy poco tiempo había conseguido hacerse de una clientela considerable.

Debido a su belleza y simpatía, su jefe le asignaba las casas amuebladas ubicadas en las zonas más caras de la ciudad.

En lo que llegaba a su destino, a Karina le encantaba poner un audiolibro de leyendas cortas de terror que traía en su celular. La cita que tenía ese lunes estaba marcada a las cinco de la tarde.

La chica llegó media hora antes al inmueble, con el propósito de verificar que todo estuviera apunto y perfectamente acomodado para que el cliente no dudará en adquirir la propiedad. No obstante, 10 minutos antes de que ocurriera la entrevista, recibió un mensaje de texto.

“Estimada señorita López: Lamento decirle que llegaré tarde a la cita (calculo más o menos estar allí dentro de una hora), estoy un poco retrasado por motivos de trabajo. Espero que no le moleste esperar. Muchísimas gracias”.

Ella le contestó que no había ningún problema.

Se colocó los audífonos y volvió a poner su libro de leyendas cortas de terror, más vio que la batería del celular ya estaba un poco baja y creyó que tal vez el cliente la llamaría más adelante.

Por esa razón, buscó otra alternativa para matar el tiempo. Entró al cuarto de televisión, el cual tenía una pared llena de películas y además contaba con dos cómodos sillones reclinables de piel.

Encendió el televisor y una mano salió de este. Karina asustada trató de correr pero sus piernas no le respondieron. Petrificada del pánico, permaneció ahí hasta que la mano la jaló dentro del aparato.

Lo que sucedía era que ésta fue la morada de una vieja bruja, y por ende estaba embrujada. Desde luego que nadie supo de esto hasta que la policía investigó el asunto.

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