La leyenda del gallo y la gallina

La leyenda del gallo y la gallinaEl día de hoy me gustaría contarles una de las leyendas populares que ocurrió en una aldea cercana al pueblo donde vivo hace ya bastantes siglos atrás.

Resulta que una pareja de adolescentes (ella tenía tan sólo 15 años y el 17 años) estaban enamorados desde que eran niños y por tal motivo tenían pensado casarse lo antes posible, pues de acuerdo a la tradición era el tiempo idóneo para hacerlo.

Ambas familias estuvieron de acuerdo, razón por la cual los jóvenes concertaron una cita con el sacerdote de la comunidad. Aquel era un hombre entrado en años, quien lucía una gran barba de color blanco. Algunos decían que esa característica significaba que era un hombre muy sabio. Por otra parte, su rostro curtido por el paso del tiempo, le daba una expresión de absoluta serenidad.

– Buenas tardes ¿podrían decirme por favor cual es el asunto de su visita? Preguntó el sacerdote.

– Claro que si “Gran Sabio”, Brisa de Verano y yo queremos casarnos. Contestó el joven.

– A ver Brisa de Verano ¿por qué quieres casarte con Puma del Monte?

– Pues porque nos amamos y creemos que ya es tiempo de pertenecer uno al otro.

– Estupendo. Sólo que para ello apruebe el matrimonio deberán traerme dos cosas. Tú Puma me traerás el gallo con el plumaje más bello que encuentres. Lo mismo harás tú Brisa, únicamente que el animal que te encargaré será una gallina. Otra cosa, por ningún motivo quiero que ustedes se vean durante 90 días. Al término de ese plazo los estaré esperando aquí con los brazos abiertos. Una última cuestión, quien me traiga el animal más hermoso recibirá un tótem de felicidad eterna.

Transcurrió el tiempo pactado y la pareja se presentó ante el sacerdote. Sólo que algo había cambiado entre ellos. Era como si aquel amor que se profesaban se hubiera convertido en hielo. Al menos ese era el lenguaje que transmitían sus miradas.

– ¿Todavía quieren casarse?

– La verdad no estoy muy segura. Es decir, quiero mucho a Puma, siempre ha sido mi mejor amigo. Solamente que ahora no se si lo amo.

– Es curioso, ya que hace unos meses atrás, eras tú la que me pedía casarse. Pero en fin, de eso justamente se trataba esta prueba. No existe ningún tótem de felicidad eterna. Lo del gallo y la gallina fue sólo un pretexto para que ustedes pasaran un tiempo a solas y así tuvieran oportunidad de pensar las cosas con más calma. Recuerden que en el matrimonio no se compite, sino que se trabaja en conjunto. Aquí estaré cuando decidan casarse.

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